
En el vino está la memoria de la humanidad... y en sus frases su sentir. Su huella se encuentra en sus templos, y su alma se respira en un buen vaso de vino, en la memoria de los años vividos. Pero por la palabra se preserva la memoria, y en memoria de aquellos cuya inspiración vino de algo tan trivial como el aleteo de las moscas, como de algo tan profundo y mistico como el nacimiento de un nuevo ser, donde lo profundo y lo absurdo se mezclan en una extraña amalgama aspera... pero rica en sensaciones; no se evita el llanto inmenso de las almas, así como tampoco se elude la vulgar y grosera basura mental que emana, de las sales del mortifero y blanco maná del "polvo del olvido".
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